Nuestro afán por conseguir el éxito y encajar perfectamente dentro del nuevo modelo de negocios, nos lleva a parametrizar casi todo lo que hacemos; lo que no se puede medir no existe, todos los procesos deben estar clara y rigurosamente definidos. La fórmula suena bien, es cuestión de saber pintarlo y luego ejecutarlo. Sin embargo, parece que es mucho más complejo en realidad.
Lo cierto es que, queramos verlo o no, detrás de cada proceso y de cada número estamos las personas y funcionamos por emociones, esto hace que la garantía de éxito no sea total, dependerá no sólo de la construcción del modelo, sino de quien lo ejecuta. En principio esto no tendría que ser un problema, o por lo menos, así lo entendemos.
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| Un paisaje de la tierra que me vio nacer (Quindío Colombia) |
La necesidad constante de mostrar nuestra valía y explotar la formación académica recibida, nos lleva a construir sistemas, procesos, herramientas, cadenas, fórmulas, modelos... cada vez más largos, complejos y tediosos.
Por tanto, ejecutar un cambio, atender una incidencia, implementar una mejora, etc, es cada vez más difícil, son tantos componentes y tantas las personas que intervienen que las soluciones suelen ser una prolongación más de los procesos, sistemas, herramientas o simplemente la delegación de una función, que a su vez se convierte en tareas externalizadas..
Al parecer los expertos se han percatado de esta situación y ahora, la moda es simplificar, yo prefiero buscar el equilibrio.

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