Decimos siempre que todos los comienzos son duros. Por supuesto, el inicio de un nuevo año no iba a ser la excepción, sobre todo si tenemos en cuenta que regresamos al trabajo después de unas vacaciones cortas, con sabor a poco.
La primera semana no somos muy productivos, pero claro! es el acoplamiento, cuesta arrancar motores. Te pones con el correo para limpiar un poco la bandeja y empezar a tomar nota de los “pendientes por hacer”, la lista va engordando y ya estás en la segunda semana, ¡qué duro se está haciendo! piensas.
No ves nada claro, hay
cambios en la empresa y no sabes muy bien qué va a pasar, ¿será mejor esperar?
A ver si me pongo con ello y al final me cambian de actividad, no sé, no sé.
Recuerdo el refrán que dice “No
dejes para mañana , lo que puedas hacer hoy”, tendría que ponerme ya con ello.
O será mejor el que dice “No hagas hoy lo que puedes dejar para mañana” tal vez
mañana no lo tenga que hacer. Y así, entre unas cosas y otras me encuentro con
que ya estamos en la tercera semana del mes, no me reconozco, será el constipado
que llevo encima… pero la lista de “pendientes” sigue ahí esperando por mí.
Pues sí, esta es mi historia
en lo que va de año y quiero compartirla con vosotros por lo que he aprendido
de ella.
Llegado este punto, tuve una
seria reflexión ¿qué gano en realidad
con esta actitud? NADA, por lo menos nada bueno, ¿a quién quiero engañar
con pretextos?
Es así, aunque no sea fácil
aceptarlo, tengo una actitud negativa que afecta a otras personas, pero aunque
me afectara sólo a mí, eso ya es motivo suficiente para decir ¡basta!
Cuando permitimos que la
pereza o el negativismo hagan parte de nuestra vida, todo tiende a empeorar,
incluso la visión que tienes del mundo, por eso cada vez será más difícil encender
motores. No voy a engañar a nadie, tomar la decisión es complicado, pero lo es
aún más los días siguientes, porque tu motor está encendido pero el de otros
compañeros no, lo que genera desasosiego, desánimo y ganas de volver al área de
comodidad.
Cuando decidimos cambiar
nuestra vida para sentirnos mejor y ser mejores, yo diría que la condición sine
qua num para conseguirlo es la honestidad contigo mismo, dejar de pensar en lo que
opinan los demás, sino, tener el valor de cuestionarte constantemente y
reconocer cuando algo no está bien. Yo decidí cambiar, tomé ese largo camino
lleno de obstáculos y dificultades, pero que tantas satisfacciones te deja
cuando echas una mirada atrás. 
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