sábado, 5 de octubre de 2013

Tú eliges

Esta semana tuve una conversación con una amiga que me ayudó a recordar uno de los trucos que había aprendido para sentirme bien, lo repetí hasta convertirlo en un hábito, seguramente haberlo convertido en un hábito sea la razón por la que ya no pensaba de forma consciente en él.

Fue justo en ese momento, al escuchar el relato de mi amiga, cuando recordé haber pasado por esa misma situación, no una, sino muchas veces y no sólo sobre el mismo tema, en varios aspectos de mi vida. Pensé entonces que compartir con ella el truco, como quien te ayuda a hacer un ejercicio le vendría tan bien como a mi y efectivamente así fue. Por eso hoy quiero compartir con mis lectores ese mismo truco, deseando que les aporte cómo mínimo un grato recuerdo.



Bahia de Halong Vietnam  - Foto de Alonso Cabrera

La vida suele presentarnos situaciones en las que nos sentimos injustamente tratados, maltratados, despreciados, agredidos, etc., lo que, como es lógico, nos produce una sensación desagradable ante la cual, nuestra naturaleza humana reacciona, en muchos casos alimentando ese sentimiento negativo y por tanto, agravando o empeorando nuestra molesta sensación. A esto suelo llamarle "llenarse de veneno", porque es precisamente lo que hacemos, envenenarnos sin saberlo.

Imaginemos o recordemos una discusión que hayamos tenido recientemente, con nuestra pareja, con nuestro jefe, con un hijo o un amigo. Esa discusión surge porque vemos la misma cosa de forma diferente.

Aquí voy con el ejemplo, para explicarlo mejor:
Hemos tenido una discusión con nuestra pareja por "X" motivo, en la discusión ya empezamos a sentirnos dolidos por lo que nos está diciendo, "parece mentira, es que no se da cuenta?" o cualquier otra frase que recordéis haber pensado o dicho. La discusión termina abruptamente, porque te cuelgan o cuelgas el teléfono, porque se van o porque te vas y entonces empieza el proceso de envenenamiento.

Nuestro sentimiento (dolor, rabia, impotencia, desilusión...) nos lleva a pensar en esa persona con quien acabamos de discutir, no se va de la cabeza. Al principio los pensamientos giran al rededor de lo que nos hayamos dicho, pero van a más. Empiezas a recordar actuaciones de esa persona que te desagradan o te molestan (no me escucha, no le gusta salir, todo es un problema...), luego pasas a los recuerdos de situaciones que hace tiempo quedaron atrás (el día que fuimos a..., aquellas vacaciones que..., esas navidades...). Por supuesto, te vas llenando de razones y te reafirmas cada vez más en tu postura, lo cierto es que probablemente la otra persona también lo esté viviendo así, también se esté cargando de razones y reafirmándose. Con esto se abre cada vez más la brecha entre los dos y la distancia es mayor para cuando se quiere volver a hablar del tema.

Ahora el truco:
Justo en ese momento en el que te invade el sentimiento, en vez de pensar en lo que se ha dicho o lo que se ha hecho y que ha generado la discusión, céntrate en recordar aquellos momentos en los que te has sentido feliz al lado de esa persona, afortunado, enamorado, etc. 

Recuerda un momento mágico, en el que te hayas reído mucho, un viaje inolvidable que hayan hecho, piensa en lo que mas te gusta de esa persona y verás como al final eres tú QUIEN ELIGE CÓMO TE QUIERES SENTIR.


No hay comentarios:

Publicar un comentario